Flexora no nació en un laboratorio lejano ni de una idea improvisada. Nació de ver, una y otra vez, a personas que ya habían probado de todo — pastillas, cremas, aparatos genéricos que prometían mucho y hacían poco. Por eso combina tres terapias en un solo dispositivo (calor, masaje y luz roja) en vez de apostarle a una sola.